viernes, 12 de septiembre de 2014

Vientos y olas

Hacía mucho que no podía leer algo no relacionado con mi carrera, y aún más que no reunía tiempo y ganas como para escribir algo que colgar en el blog, aunque fuese solamente un pequeño relato.
Por fortuna o por desgracia, este verano ha traído largas noches de insomnio en las que no he tenido más remedio que refugiarme en otras historias con finales más brillantes que la mía. Vamos, que he tenido la oportunidad de leer un poco de todo, libros buenos y regulares e, incluso, alguno malo. También he tenido tiempo de releer una historia de esas que tocan mi fibra excesivamente sensible y que ponen mi mundo patas arriba. Es decir, que me he leído "Contra el viento del Norte" y su continuación, "Cada siete olas". Advierto que ahora mismo estoy hipersensible y que, por tanto, todo lo que yo he percibido en estas dos novelas lleva una gran carga de subjetividad.

Contra el viento del norte
Emmi Rothner y Leo Leike eran dos personas destinadas a no encontrarse y a llevar vidas grises. Sin embargo, gracias a un error ortográfico al intentar dar de baja la suscripción de su madre a la revista Like, Emmi le envía a Leo por error un primer correo electrónico que desembocará en una de las historias románticas más bonitas sobre las que he tenido el gusto de leer. Casualmente, ambos viven en la misma ciudad, tienen edades cercanas y sienten debilidad por el buen vino.
Lo más característico de estas novelas es que se nutren exclusivamente de correos electrónicos. Todo lo que ocurre es de palabra, al menos en un 85% de la historia. Emmi y Leo se envían correos ingeniosos, correos absurdos, correos airados, correos apasionados, correos tiernos, tristes, derrotistas, optimistas...Comparten todo un espectro de emociones y registros que hace que la lectura sea muy ligera y muy profunda al mismo tiempo. Esta es la historia de dos personas que se conocen al revés, empezando por sus almas.
No obstante, pese a lo mucho que me guste, es también la historia de dos personas que encuentran a su alma gemela contra todo pronóstico, cuando ya tienen  sus vidas hechas... y ponen todo de su parte para no estar juntas. Cualquier excusa es buena, desde el miedo a que su amor no sobreviva a un encuentro "real" hasta escudarse en una nobleza mal entendida que impide que sean sinceros con sus parejas y pongan punto final a una frase acabada. Son novelas muy frustrantes en este sentido, pues es obvio para el lector y los implicados que la solución a todos sus problemas pasa por estar juntos... y se empeñan en no hacerlo y en regodearse en sus vidas grises.

Aquí van un par de citas

«¿La amas?», preguntaste. Sí, la amo cuando está conmigo. O digámoslo de otro modo: la amaría si estuviera conmigo. Pero no lo está. Y yo no puedo estar con ella cuando ella no está conmigo. 

Quiero vivir con la mujer que amo. Vivir y amar, las dos cosas al mismo tiempo. Nunca una sin la otra

Tú eres la única que está cerca de mí aunque no esté conmigo, pues yo también estoy con ella cuando ella no está conmigo. 

En la palma de mi mano izquierda, más o menos en el centro, donde la línea de la vida, surcada por gruesas arrugas, dobla hacia la arteria, allí hay un punto. Lo examino, pero no puedo verlo. Lo miro fijamente, pero no se deja sujetar. Sólo puedo tocarlo. También lo noto con los ojos cerrados. Un punto. La sensación es tan intensa que me da vértigo. Si me concentro en él, su efecto se expande hasta los dedos de los pies. Me produce hormigueo, me hace cosquillas, me da calor, me excita. Estimula mi circulación, dirige mi pulso, determina el ritmo de los latidos de mi corazón. Y en la cabeza surte su efecto embriagador como una droga, amplía mi conciencia, extiende mi horizonte. Un punto. Tengo ganas de reír de alegría, por lo bien que me hace. Tengo ganas de llorar de felicidad, porque lo poseo y porque me embarga y me colma hasta la médula. Querida Emmi, en la palma de mi mano izquierda, donde se encuentra ese punto, esta tarde —debían de ser aproximadamente las cuatro— tuvo lugar un incidente en la mesa de un café. Mi mano iba a coger un vaso de agua, cuando vinieron de frente los dedos ligeros de otra mano más suave, intentaron frenar, intentaron evitarla, intentaron impedir la colisión. Por poco lo logran. Por poco. Durante una fracción de segundo, la delicada yema de un dedo que pasaba volando fue arrollada por la palma de mi mano que iba a tomar el vaso. Ello dio como resultado un leve roce. Lo he grabado en mi memoria. Nadie me lo quita. Te siento. Te conozco. Te reconozco. Eres la misma. Eres la misma persona. Eres real. Eres mi punto.

«Me gustas». Te lo digo con 0,0 de alcohol en sangre. Es bonito verte. Eres hermosísima. Y por suerte puedo echarte un vistazo a cualquier hora. No sólo tengo mil impresiones de ti, también tengo una impronta tuya. Tengo un punto de contacto en la palma de mi mano. Puedo contemplarte en él. Hasta puedo acariciarte. Buenas noches.

Como he dicho, estas son unas novelas preciosas, rapidísimas de leer y llenas de pasajes maravillosos. Probablemente no he leído nada más romántico que el "punto de contacto" que está en el centro de la palma izquierda de la mano de Leo.
La idea inicial del autor era que no hubiese un final feliz. Quería que fuese realista y, al parecer, su visión del realismo lleva implícita que la gente es imbécil y que las personas son capaces de privarse de la felicidad e, incluso, de privar a su alma gemela de la felicidad con tal de hacer lo que es socialmente correcto, en lugar de meditar sobre lo que es moralmente correcto. Si tuviera que describir su historia en una sola frase, diría que es la de dos personas que intentan destruir su hilo rojo a toda costa en lugar de alegrarse por haber encontrado eso tan esquivo y maravilloso que es el amor verdadero

No sé qué más decir. Estos libros son preciosos, pero muy tristes, lo que cuadra con mi estado de ánimo, que no es precioso, pero sí muy triste. Les doy un nueve, creo, pero tal vez se merezcan más nota.

domingo, 7 de abril de 2013

De máximos a mínimos

Muy buenas, hacía tiempo que no colgaba nada, pero es que me había prometido a mí misma que únicamente iba a reseñar libros que me hubiesen gustado, que recomendaría leer. De lo que he leído de un tiempo a esta parte, lo cierto es que no ha habido nada que se me antojase digno de una explosión de entusiasmo de las que suelo hacer gala a la hora de comentar mis impresiones sobre un libro. Así que he bajado el listón.
No incluiré, a pesar de ello, la saga de Canción de Hielo y Fuego, que me parece mala de narices y escrita con la misma elegancia y sentido común que el cuaderno de un niño de seis años. Tampoco, lo siento, la bazofia de las Cincuenta Sombras que, encima de estar mal escrito, tenía unos personajes vomitivos y una trama realmente estúpida. Además, no me dio ni frío ni calor, cuando se supone que debería haberme excitado hasta límites indecentes y a mí lo único que me pareció indecente es que publicaran no ya uno, sino tres libros basura de esa saga. De los Juegos del Hambre ni hablo, porque me pongo de mala leche, aunque si fuese profesora de literatura lo pondría como ejemplo de qué NO hacer a la hora de crear una historia. Como muestra de personajes chapuceros también sería muy ilustrativo.Que hayan hecho tanto bombo a estas sagas que no merecen la pena, publicado estas abominaciones literarias dejando por el camino, sin duda alguna, cientos de obras mil veces más válidas, me da ganas de romper cosas y de llorar al mismo tiempo.
Cassi Palmer y su trama enrevesada e inconsistente, sus personajes a medio perfilar, los absurdos giros del guión, sus desdecimientos y lindezas similares tampoco encontrará aquí su lugar. Sospecho que la saga Fever no va a aparecer en el blog, por más que me gustaría desahogarme bien a gusto sobre todos los errores que hacen que lo que podría haber sido una muy buena saga sea la basurilla que los dos primeros libros me han demostrado que es. Literatura de water al cien por cien.

Así que voy a comentar un libro que tengo reciente, que me pasó la guapísima, ingeniosa y absurdamente buena escritora en la intimidad de su portátil, Bess. Os dejo un link a la reseña que hizo ella y que leeré después de colgar la mía, aunque os adelanto que, probablemente, no tendrá nada que ver con la mía. Ella está entusiasmada con la novela y yo, en cambio, admito que no me aburrió demasiado. Son dos puntos de vista bastante diferentes, así que creo que hay para el gusto de todos.

http://1lunadepapel.blogspot.com.es/2013/03/resena-hija-de-humo-y-hueso-laini-taylor.html


Hija de humo y hueso, de Lani Taylor, nos descubre las historias de Karou. Y digo bien, no es un error de dedo que se haya metido esa "s" en "historias", porque Karou es una joven con muchas historias, tantas que ni siquiera ella las conoce todas. Esta chica de diecisiete añitos, pelo azul eléctrico natural (más o menos) y desgarradores ojos oscuros, es una humana fuera de serie que vive dos vidas paralelas hasta que algo hace que esas dos rectas converjan y colisionen armando la madre de todos los líos. Si hacer de chica de los recados llevando dientes de todo tipo de acá para allá para el monstruo que la crió (un traficante de deseos), recibir balazos en San Petersburgo,  aguantar a un ex cansino, superficial y bastante tocapelotas, mentir a su mejor amiga y conseguir llevar al día sus trabajos para la escuela de arte en la que está inscrita no parecía lo suficientemente difícil, cuando Akiva entra en escena el universo se rinde totalmente y las vidas de Karou quedan patas arriba.
Akiva es un serafín, un hermosísimo hombre de alas de luz y fuego, ojos salvajes y cierta tendencia Karouicida que supera rápidamente para pasar a la Karouadicción. Una incomprensible atracción surge entre ambos y las sombras de unos recuerdos que no pueden ser suyos invaden la mente de ella, que poco a poco irá descubriendo más sobre las criaturas que han sido su familia desde que era un bebé: quimeras.  Así, la vida ya lo bastante complicada de Karou se ve invadida por una guerra milenaria entre ángeles y quimeras, conquistadores y rebeldes, amor y venganza. Cuando pierde totalmente la conexión con su familia quimérica, decide hacer lo necesario para cruzar al espacio entre mundos que su mentor utiliza como base y descubrir la verdad sobre lo que sucede.

Bromitas aparte sobre "cuidado con lo que deseas, porque podría hacerse realidad", la novela no está mal, aunque tampoco estaría en mi top 100, la verdad.
Para empezar, el personaje principal, Karou, no está muy bien "dibujado". Hay gente a la que le gusta no saber cómo son los personajes de los libros, o que las descripciones vengan a intervalos de cincuenta páginas, pero no me incluyo en tan selecto grupo. A mí me gusta que me digan si la protagonista tiene la barbilla redondeada o afilada, la longitud y color de su pelo, su altura, si sus labios con de esta o aquella manera, si su amiga es de tal o cual grupo étnico. Además, quiero saber cómo son psicologicamente, por qué hacen y dicen las cosas. Y quiero saberlo de entrada porque así puedo "ver" lo que pasa, en lugar de conformarme simplemente con leerlo. Cuando me encuentro con un personaje que no está bien descrito, casi siempre temrino pensando que o biene el escritor era un vago redomado que no tenía ganas de crear un personaje en condiciones o que sencillamente no le importaba hacer una chambonada en toda regla. En Hija de humo y hueso no hay un solo personaje que tenga una descripción física medio decente y psicológica ya ni hablemos. La historia la cuenta un narrador omnisciente que filtra más la información que un dictador, cosa que siempre me pone de mala leche porque siento que me están queriendo manipular. Por si no os habíais dado cuenta, ODIO que intenten manipularme, especialmente si es a base de no darme información que por sentido común debería tener. Si metes a una persona en un mundo nuevo, qué menos que decirle lo que se va a encontrar. En este caso, la mayor parte del tiempo el lector sabe menos aún que Karou, y Karou ya no sabe gran cosa sobre lo que está pasando de entrada, así que imaginaos.
A lo largo de la novela hay ciertos detalles un pelín traídos por los pelos que rechinan lo suficiente como para perturbar la lectura pero no tanto como para hacer abandonar. De todos modos, posiblemente lo peor sean los constantes cambios de tiempo, lugar y personaje. De un tiempo a esta parte parece que a muchos escritores les ha dado por saltarse a la torera las normas relativas a este tipo de acciones y se lanzan a la vorágine torturando a los lectores con flashbacks fraccionados cuando menos te lo esperas, cambios en las voces de la narración sin previo aviso y un largo etcétera.

A grandes rasgos, la historia no es mala y en realidad tiene bastantes cosas decentes, conversaciones interesantes y alguna que otra escena guay, pero no es nada del otro mundo. Es una lectura ligera, aunque admito que me he tenido que saltar unos cuantos párrafos porque a veces parecía que no pasaba nada de nada y que lo único que estaba haciendo Lani Taylor era meter paja.
Le daría un seisín sobre diez, un seis con cinco siendo ya demasiado buena. Pero me leeré la continuación, porque el final es tan absurdamente abierto que tengo demasiada curiosidad por lo que va a pasar.

martes, 29 de enero de 2013

Apocalipsis... no


Bueno, pues este es el proyecto de enero de Adictos, que debía tratar sobre el fin del mundo frustrado. Espero que os guste :)


Era un día de primavera hermoso, hermosísimo, de esos que hacen surgir hasta en el corazón menos artístico el deseo de plasmar su belleza en el papel mediante letra o acuarela para que perviva siempre. El dorado astro solar acariciaba suavemente las hojas de los árboles, las briznas de hierba y los pétalos de las flores, dando brillo y calor al pelaje de los animales -ardillas y conejos, en su mayoría- que, curiosos, se habían acercado a cierto rincón del jardín. En tal rincón, entre las flores silvestres y las cuidadas rosas, una mujer de exquisitos rasgos y oscuros ropajes miraba con profundo rencor la estatua de dos metros de altura de un ángel de grandes alas. Los hombros de piel nívea contrastaban con el oscuro tejido del vestido corte imperio y de la larga capa cuya capucha colgaba a su espalda. La estampa tenía tal belleza, a pesar de los sentimientos que la expresión de la mujer revelaba, que ni sus movimientos ni sus palabras perturbaron a su público animal.

-Nunca, pero es que nunca, hacen lo que se supone que deberían hacer. No sé cómo pude dejarme embaucar para entrar en tratos con un ángel, es una tontería de principiante.

Ella no era, desde luego, una principiante. Los rizos rojizos que se curvaban en ondas sensuales sobre sus hombros desnudos y sus pechos generosos tenían prácticamente la misma antigüedad que la Creación. Los ojos dorados tenían el brillo de lo inmortal, los labios carnosos y casi rojos habían pronunciado palabras en todos los idiomas que el hombre alguna vez hubiera conocido, hablado, escrito o soñado.

-Y de todos los ángeles fui a escoger al más tonto de todos. Ya era tonto el día de la Creación y sigue siendo tonto hoy.
-Vamos, vamos, Lilith, querida, ya será para menos- la interrumpió la voz de otra mujer, que había aparecido a sus espaldas mientras la primera se desahogaba.
-¿Que no es para tanto? Lucifer, es la peor idea que hemos tenido en los últimos...- se mordió el labio, como haciendo cábalas mentales y luego negó con la cabeza- es la peor idea que hemos tenido. A secas.
-Para ser la única mujer viva que ha visto y hablado con Dios, tienes muy poca fe, te lo digo de verdad. Y eso de llamarme tonta ha estado de más.
-Perdona, pero para variar esta vez no me refería a ti, Luci, sino a Gabriel. Considero que nuestro plan para el fin del mundo está abocado al fracaso. Gabriel es el ángel de la anunciación, no tiene ni una pizca de sentido común en su cabeza hueca, para él todo es alegría, margaritas y...
-Y tocará la trompeta en el día del Juicio Final. ¿A quién crees que deberíamos haber escogido para provocar el Apocalipsis?
-Desde luego no al arcángel mensajero y de las artes, Luci. Quizás al arcángel guerrero.
-¿A Miguel? ¿De veras? ¿Hubieras escogido a Miguel? ¡Me apuntó con su espada de fuego, Lilith!
-Bueno, pero estaba equivocado ¿no? Luego se disculpó, creyó que habías atentando contra Dios y esas cosas. Ya te deja venir al Edén y todo.
-Me es indiferente, no pienso perdonarle hasta que se disculpe en condiciones.
-Mira, podríamos haber hablado con alguno de los Cuatro.
-Los Cuatro cabalgarán después de que suene la trompeta.
-Entonces sin duda alguna hubiéramos podido despertar al leviatán.

Lucifer alzó una de sus elegantes cejas negras con escepticismo, sin dignarse a responder.

-O podrías haber azuzado al dragón, o quizás hacerte con una de las copas de la ira o…
-Lilith, hay una diferencia entre acelerar un poco el fin del mundo y tomar parte activa en ello. Y deja de quejarte, Gabriel ha llegado.
-Bienhalladas seáis…
-Sí, sí, bienhallado seáis vos en este tan alegre día de esplendor primaveral y que las bendiciones del Altísimo caigan sobre vuestros valerosos hombros y todo eso.
-Gracias, Lilith, sigues siendo igual de amable que cuando dejaste a tu esposo.
-Dijo que era como las demás bestias de la creación, a su servicio. Tienes que entender que hay cosas que una mujer no puede tolerar.
-¿Has traído la trompeta?- inquirió Lucifer en tono amable.
-Pues, hablando de eso, os vais a reír…
-No sé por qué creo que no voy a reírme- musitó la primera mujer.
-… el caso es que de la que venía volando hacia el Edén se me ha acercado Uriel y me ha preguntado que qué hacía paseando una de las trompetas del Apocalipsis… así que le conté que me habíais pedido que tocase para vosotras y Uriel soltó una carcajada…
-Siempre me ha caído mal Uriel- rezongó Lilith.
-Eso no es cierto, mujer, lo que pasa es que la inmortalidad te tiene algo amargada.-repuso Lucifer, haciendo un gesto al arcángel para que continuara.
-… y, bueno, no sé muy bien cómo pero me dijo que se llevaba otra vez la trompeta a…hum… el sitio donde se guardan las cosas para el día del Juicio y… esto… me dio una lira para que pudiese tocaros algo.
-Ves lo que pasa por mezclarse con ángeles ¿no? Si ya te lo dije, el único ángel inteligente que había en la Creación eras tú y por un malentendido estúpido ahora van llamándote ángel caído y cosas así.
-Gabriel ¿cómo vamos a iniciar el Apocalipsis sin la trompeta?
-Lo importante es la partitura, no sé por qué todo el mundo se cree que la trompeta hace el trabajo. De todos modos ¿por qué queréis iniciarlo ya?
-Porque estamos hartas de la publicidad negativa que tenemos en la Tierra y queremos que Dios aclare el asunto públicamente. Así que cuanto antes acabe el mundo, antes podrá limpiar nuestros nombres en el Paraíso. La gente dice que me acuesto con demonios y como bebés, Gabriel. Y a la pobre Luci la llaman el Maligno. No hay derecho, Gabriel, no hay derecho.
-Bueno, chicas, mirad, yo creo que con el tema del feminismo ahora puede que la cosa mejore, pero tenéis que dar un tiempo, no sé, quinientos años más.
-¿Quinientos, dices?
-No es mucho.
-Bueno, supongo que podríamos esperar quinientos años más, para ver si las cosas cambian…



sábado, 26 de enero de 2013

Madison Avery y los Carontes


Puede que algunos de vosotros (las dos o tres personas que leéis mi blog) no hayáis leído el libro de relatos cortos de varias autoras llamado "Noches de baile en el infierno", así que os pondré en antecedentes. Las historias versaban sobre "pequeños contratiempos" que ocurrían en lo que podemos denominar los típicos bailes de instituto americano. Salvo por los ángeles, los demonios, los novios zombies y algunos vampiros más viejos que los EE. UU., claro. Quitando eso, todo normal.
El relato que da nombre a esta entrada me pareció especialmente bueno y me indigné al terminarlo, porque me parecía que estaba total y absolutamente inacabado. Aquello no era un relato corto ¡era una auténtica canallada para el lector! Afortunadamente, Kim Hurrison lo sabía y no dudó en escribir una trilogía para acabar con la frustración de los enganchados a su historia: la saga de Madison Avery.
Madison es la protagonista y narradora de todo lo que ocurre a lo largo de los tres libros. Es una californiana brutalmente buena con la fotografía, aunque con tendencia a combinar la ropa de un modo ciertamente digno de estudio en relación con el daltonismo. Acaba de entrar en un nuevo instituto y, de momento, no le está yendo muy bien en la parte social. Además, está muerta, más o menos. Resulta que fue exiliada desde su adorada California a casa de su padre en algún lugar indigno de aparecer en los mapas (no seamos malos e ignoremos cualquier similitud con Crepúsculo, la historia lo merece) porque su madre se cansó de sus escapadas y de su tendencia a terminar en el despacho del director. El día en que cumple diecisiete años coincide con el baile del instituto, una cita pésima y un tío cañón que resulta ser un caronte oscuro... Al final de la noche, Madison termina sobreviviendo a un accidente de coche pero muerta bajo la espada del guaperas que se hacía llamar Seth.
De todos modos, algo en ella parece ser diferente, porque su espíritu se vuelve sólido cuando está cerca del caronte oscuro... o, para ser más exactos, de su colgante. Como es una auténtica americana, práctica hasta la suela de sus zapatos amarillos, Maddy se toma las cosas como vienen, le roba a Seth su colgante y huye  despavorida hasta que Barnabas (un caronte blanco) y su jefe se apresuran a auxiliarla. Y así es como Madison se mete en el lío más impresionante de su vida.
Resulta que en la realidad del día a día hay más de lo que los humanos de a pie sabemos. Entre el cielo y el suelo se libra una batalla entre la luz y las tinieblas en la que no está muy claro cuál de ambos bandos es el bueno. Los carontes oscuros tienen como objetivo acabar con las vidas de ciertos objetivos, mientras que los carontes blancos dedican su vida a impedírselo, de modo que para empezar Madison no tiene reparos en unirse a Barnabas y Ron (también conocido como Cronos, el guardián del tiempo de los carontes blancos) mientras descubre cómo utilizar su colgante y trata de encontrar el modo de recuperar su cuerpo para volver a la vida, algo que no va a resultar sencillo dado que Seth huyó con él de la morgue después de que le robara el amuleto.
Pero las cosas se complican a medida que Madison va descubriendo la verdad de lo que la rodea. En primer lugar, está el hecho de que los carontes oscuros arrebatan la vida a gente que está apunto de perder su alma: salvan las almas inmortales a costa de las vidas finitas de sus dueños. Sus acciones se basan en el conocimiento del destino, mientras que las intervenciones de los carontes blancos se basan en el libre albedrío y por ello asignan ángeles de la guarda a los objetivos para impedir que sean "salvados". Para Maddy es fácil darse cuenta de que el sistema no funciona: salvar el alma a costa de la vida le parece terrible, pero ¿la vida a costa del alma? Eso es imperdonable, a pesar de que ella no cree en el destino ¿O sí?
El otro descubrimiento que cambia las tornas es que el amuleto que le robó a Seth no es el de un caronte; de hecho, Seth no se llama Seth, sino que es el del jefe de los carontes oscuros, lo cual es un problema serio porque significa que Ron ha estado mintiendo tanto a Maddison como a Barnabas desde el principio, que ella podría ser la próxima guardiana del tiempo de los carontes oscuros y que el equilibrio entre la luz y la oscuridad, el destino y el libre albedrío, se ha roto. Madison tendrá que aprender a utilizar su amuleto, encontrar su cuerpo, demostrar que el destino no es inalterable y encontrar el modo de restablecer el equilibrio, todo ello mientras asiste al instituto e intenta aplacar las sospechas de su padre ante su evidente falta de apetito ahora que su amuleto le proporciona una ilusión sólida que, evidentemente no necesita comer. ¿Quién dijo que salvar el mundo sería fácil?


La trilogía me ha gustado mucho, aunque al habérmela leído en inglés no puedo decir nada sobre la calidad de la traducción. De hecho, creo que aún no está disponible en nuestro idioma, pero todo se andará. Como siempre, Kim Hurrison proporciona personajes con gran atractivo, una buena dosis de sarcasmo y comentarios ingeniosos para parar un tren. Esta saga me gusta especialmente porque, además de entretener, ahonda en temas tan profundos y controvertidos como el destino y el libre albedrío. En el universo que Maddy nos descubre hay un equilibrio entre ambas fuerzas, de tal modo que nuestro destino queda determinado por las elecciones que tomamos y, por ende, no es inamovible. Como hace años que llegué a esa misma conclusión, me alegra encontrar a alguien que la comparte. La historia me parece muy buena, aunque las tres novelas son tan cortas que algunas partes resultan un poco confusas y otras quedan explicadas de manera muy vaga, dejando algunos hilos sueltos.

Cabos sueltos o no, realmente merece la pena leerse esta saga. Como muchas narraciones en primera persona, propicia que nos sintamos muy cerca de lo que Madison piensa y siente, dando lugar a escenas preciosas desde el punto de vista literario. Le doy un ocho  medio sobre diez por esos cabos sueltos y por la falta de un epílogo en el que nos cuente aunque sea por encima lo que pasó después, pero realmente la recomiendo.



jueves, 17 de enero de 2013

Premio de Daniel


El caso es que Dany me ha honrado con el marrón de responder a estas preguntas. Aunque, si he de ser sincera, debo admitir que al menos las preguntas que me ha pasado son mucho menos comprometedoras/autoexplorativas/hijaputas que las que le tocaron a él, así que ¡gracias, Dani!



1. ¿Cuándo te levantas por la mañana, te vistes a la primera?

Encuentro que esta pregunta es un tanto ambigua. Si se refiere a que vestirme es lo primero que hago, no, no es así. Si se refiere a que me levanto sin holgazanear, entonces depende. Si hay facultad, sí, salto como un cohete de la cama, me cepillo el pelo mientras me pongo los calcetines y toda suerte de trucos estrafalarios para ganar tiempo. Eso lo hago porque tengo el tiempo ajustado al máximo y echo quince minutos o menos en estar lista para salir de casa. También me convierte en un magnífico partido para hombres a los que les molesta que su chica tarde en arreglarse xD

Oh, si la pregunta se refiere a si acierto a ponerme la ropa que quiero del derecho a la primera, entonces en general es un sí. A no ser, claro está, que haya salido hasta por la mañana el día anterior,en cuyo caso es que ni mi esfuerzo con el tema del estilismo doméstico. Pillo lo que hay cerca y a otra cosa.

2. ¿Te sorprende?
Poooosss así en general, no.

3. ¿A quién le estruncarías la cabeza?
A varios individuos con cromosoma Y. COMO se nota que a los hombres les falta ese trozo de cromosoma.

4. ¿Has atracado algún banco, alguna vez?
Eh, no. Claro que si lo hubiera hecho (y quiero que conste en acta que estoy formulando una mera hipótesis que no supone admisión ni aceptación de nada) sería totalmente estúpido por mi parte confesarlo ¿no es así?  Y si hubiera sido lo bastante lista como para hacerlo, está claro que no sería estúpida, ergo debo decir que esta pregunta es muy poco perspicaz. 

5. ¿Prefieres las habas a las zapatillas?
Bueno, esta pregunta es rara de verdad. ¿Que si prefiero las habas (habichuelas, frijoles, fabas...) a las zapatillas? Caray, pues no se. Dependerá del hambre y del frío que tenga en los pies, supongo. Así, en general, creo que podría vivir sin habas porque hay más comida, mientras que las zapatillas cubren una necesidad realmente importante.

6. ¿Desde cuando cantas en la ducha?
Pues desde que me ducho. Aunque no lo has preguntado, te diré que mis grandes temas de todos los tiempos son "Can't fight the moonlight", "Somewher over the rainbow" (la de la película, no la milonga esa del tío enorme con la guitarra de los diminutos) "Go on" de The Corrs y alguna canción de la Oreja (de cuando estaba Amaya) y de Shakira.

7. ¿Petará el mundo con este asteroide de marras?
Qué va, si este mundo fuera a petar, ya nos lo hubiéramos cargado hace tiempo, porque desde que el hombre bajó de los árboles no ha parado de buscar nuevas formas de romper cosas. Supongo que solo es cuestión de tiempo que se decida de una vez por un modo definitivo de cargarse el planeta, así que no necesita ayuda externa. Este planeta nos lo cargaremos nosotros.

8. Por si acaso, ¿has planeado ya tu última farra?
La última, no, pero la próxima será carnaval :p

9. Por si acaso, ¿me incluyes en tu testamento?
Claro, pero lo único que voy a dejar será libros, así que vete escogiendo alguno que te interese xD

10. ¿Te has caído alguna vez de la cama, en los últimos, digamos, diez años?

Claro que sí, si no no sería yo. Soy experta en caerme y me enorgullece afirmar que soy capaz de hacerlo de formas absolutamente novedosas y espectaculares. Eso sí, me caigo estando despierta. Dormida tengo el sentido común de quedarme en mi colchón.

11. ¿Qué es lo que más te gusta de TU blog?


Pues creo que los comentarios que me dejan. No todos, evidentemente, sino esos que se nota que están currados, que están comentando de corazón porque se han tomado el tiempo de leerme y sienten que pueden aportar algo o compartir una idea o sentimiento. Esos comentarios me hacen muy feliz y me animan a seguir escribiendo y comentando los libros que me gustan.


Ahora es cuando yo nomino a alguien para este premio. Como no puedo repetir a Dany, aunque me gustaría, escogeré a Bess y a EmmaBuffei.

1- ¿Cuál es tu criatura fantástica favorita?
2- ¿Por qué?
3- Cuando en el Cielo repartían las virtudes a los futuros bebés ¿en qué cola se te olvidó ponerte?
4-¿Cuál es tu punto fuerte? Lo que más te gusta de ti, sea lo que sea.
5- ¿Tu libro favorito?
6- ¿Por qué empezaste a escribir un blog?
7- Cuando escuchas música ¿la eliges según tu estado de ánimo? Sea sí o no la respuesta, comenta un poco lo que sueles escuchar.
8- ¿A dónde viajarías si tuvieras la oportunidad y los medios?
9- Tu personaje favorito de todos los tiempos, de libro o de película, y por qué. Y, por favor, que no sea Christian Gray xDD
10- ¿Qué te gustaría ser?

lunes, 25 de junio de 2012

Juntos y Revueltos: proyecto de Adictos a la Escritura

¡Hola a todos! Pues nada, un mes más, aquí estoy para haceros perder el tiempo con mis disparates. ¿De qué se trata esta vez? Del proyecto de Adictos "Juntos y Revueltos" en el cual había que escribir un relato protagonizado por dos personajes al azar. Yo, como no tengo suerte en nada más, he sido tan afortunada que me han tocado un vampiro y un hombre lobo. Lo mío, vamos xDDD Desafortunadamente, creo que me ha quedado bastante flojito el relato, pero después de borrar la versión anterior (que no se parece nada porque era sobre un vampiro y un hombre lobo jugando a un juego de rol basado en la Universidad y el plan Bolonia) no me encontrada con inspiración para nada más... sugerente. No se, ya me diréis qué os parece.

Nadie teme al Lobo Feroz


-Explícame de nuevo el plan.

El joven castaño, de espesa cabellera hasta los hombros y piel clara, puso los ojos en blanco por cuarta vez en las últimas dos horas y trató de complacer a su interlocutor.

-Val, por favor, que no es tan difícil. Entramos, oteamos el panorama, nos acercamos a…
-¿Qué quieres decir exactamente con “oteamos el panorama”, Vorn?
-¿Captamos el rollo?
-No me ayudas.
-Macho ¿cuántos años has estado durmiendo exactamente?
-No se… ciento cincuenta, año arriba, año abajo. Me aburría, ya sabes.
-Claro. Yo también me pego sobadas de siglo y medio cuando me aburro. Por eso sacaba tan malas notas en el instituto, no te giba…
-No creo que sea tan difícil explicarme el plan en términos que pueda entender. ¿Tan limitado es tu vocabulario?
-Mira, chupasangre, mi vocabulario es amplísimo: se mandarte a hacer puñetas de veinte maneras diferentes, y eso sin echarle imaginación.
-Ya empezamos a faltar al respeto…- el joven moreno se llevó una mano al rostro y se masajeó las sienes, buscando sus reservas de paciencia.- Me resulta muy tedioso entrar en estos bucles de increpaciones…
-Por última vez, Val, intenta hablar como si tuvieses la edad que aparentas. Nadie de veintitantos se pasea por ahí diciendo cosas como “tedioso” o “increpaciones”. Eres anacrónico hablando.
-Soy anacrónico, lo cual es normal porque nací antes de que tus ancestros aprendieran a hacer un calzado decente. Pero al menos no me transformo en una mascota peluda cada vez que me cabreo.
-¡Yo no me transformo en ningún tipo de mascota!
-Cuatro patas y cola, Vorn…
-¡Soy un lobo fiero y aterrador!
-Sí, especialmente cuando dejas la lengua colgando por un lado de la boca mientras me miras con la cabeza ladeada y meneas el rabo.
-¡¡¡Eso solo fue una vez!!! ¡Tenías un perrito caliente en la mano y yo llevaba dos días sin comer! ¿Qué se supone que debería haber hecho?
-Posiblemente darme la patita fue un gran punto a tu favor, sí, ya que lo expones de ese modo…
-¡Te maaaaaarggggggggg!- la ira in crescendo que Vornian había estado experimentando explotó finalmente, haciendo que perdiera el control sobre su cuerpo y terminase transformándose en un cánido.- Grrrr.
-Bien- dijo Valantine con una sonrisa ladeada mientras se pasaba una mano entre los cabellos oscuros- Ahora que ya te tengo donde quería yo te explicaré cuál es el plan.

Vorn, que en aquellos momentos bien podía pasar por un alaskan malamute muy desarrollado, resopló irritado, pero se sentó sobre los cuartos traseros y miró al vampiro con aire expectante.

-Hasta tú debes reconocer que no eres lo que se dice un espécimen especialmente lobuno, Vorn, no te ofendas. La vida urbana tiene sus pros y sus contras y, en este caso, tu linaje se ha ido adaptando a la vida en la ciudad paulatinamente… un lobo no pasaría desapercibido en el metro, pero tu forma actual, si bien es bastante imponente, no resulta chocante. Ésa será nuestra nueva baza.
-¿Y cuál era nuestra vieja baza?- inquirió el hombre lobo mediante gañidos.
-Que somos dos jóvenes muy apuestos.
-¿Esa era nuestra baza? Ahora entiendo que todos nuestros intentos de hacernos con la Elegida fracasaran estrepitosamente.- gruñó Vornian, enterrando el hocico entre sus patas delanteras.
-Lo que sea-repuso el vampiro, restándole importancia- He sabido por mis fuentes que la Elegida es una gran amante de los animales y que todas las tardes va al parque de perros con su mascota. Nuestro nuevo plan es simple: iremos allí y tú te ganarás su afecto. Una vez lo hayas logrado, será sencillo conseguir que tenga una cita conmigo para hablar de nuestros chuchos y sin que se de cuenta siquiera estará en nuestro bando.
-Val, tu plan es tan increíblemente estúpido que no puedo contar todos los fallos que tiene. Esto será un desastre. Además, somos dos contra toda la comunidad de los Nocturnos. Ni siquiera creo que contemos como bando.
-Eres increíblemente pesimista para ser tan joven, muchacho. Alegra esa cara, nos vamos al parque.
-¿Eso es un collar de perro? ¿Piensas ponerme un collar de perro? ¿Estás loco o qué te pasa?
-Vornian, todos tenemos que hacer sacrificios por la causa, no te pongas así.
-¡Llevar un collar de perro no es un sacrificio, es no tener dignidad!- aulló el lobo.
-La Elegida pondrá fin al conflicto entre clanes, diría que saber llevar este collar con dignidad te convertirá en un héroe a ojos de todos… incluidas las mujeres.
-Oh, está bien, pero que conste que te odio. Como se te ocurra llamarme “bolita peluda” o algo así te arrancaré la mano de un mordisco.
-Que sí, no me seas… ¿cómo es esa palabra que utilizas con tu madre?
-Plasta.
-Eso. No me seas plasta.

******
-Muy bien, muchacho, esa es tu presa, la del cachorro de Terranova. A por ella, chaval.

Vornian se acercó trotando a la Elegida y su mascota, meneando la cola con aire juguetón y guardando respetuosamente las distancias. Una vez estuvo lo suficientemente cerca para llamar la atención de ambas, se sentó sobre sus cuartos traseros y ladeó la cabeza, dejando colgar la lengua a un lado. Valantine había visto anteriormente a la Elegida, pero era la primera vez que Vorn la avistaba, por lo que no estaba preparado para lo que vio.

A primera vista, la Elegida era una joven como cualquier otra, de cierto atractivo, espesa melena de color miel y ojos castaños de mirada dulce. Pero el hombre lobo veía algo más: el aura que rodeaba a la muchacha era de un tono nacarado tan brillante que creyó que iba a cegar sus sensibles ojos. Un gimoteo escapó de su garganta. <<Mía>> Ella alzó la vista de su cachorra negra y le miró fijamente durante un segundo interminable. Después, sonrió y abrió los brazos mientras se agachaba.

-Ven aquí, lobito, he estado una eternidad esperándote desde que Gaia me mandó el sueño.- Vornian enterró el hocico en su cuello blanco y suave, emitiendo un suspiro lobuno.- Después estaremos juntos, amor, ahora llévame con el vampiro…tenemos que detener una guerra.

martes, 29 de mayo de 2012

La Doble Imagen


Pues sí, finalmente he conseguido ponerme de acuerdo con esta cosa que tengo por blog y parece que me va a dejar publicar, a pesar de que mi navegador "ya no es compatible con blogger". Parece ser que Blogger lleva muy mal las rupturas amorosas y no quería ni oír hablar del explorer, pero tras una terapia de hora y media larga he conseguido que entre en razón. Por los pelos, eso sí...
Este es el proyecto de Adictos a la Escritura del mes de Mayo, el que tenía por título "la doble imagen", pero también es mi regalo de cumpleaños a un gallego que es mi principal crítico literario, aunque no tengo la certeza de que vaya a gustarle. Sin más preámbulos, aquí dejo mi interpretación de la foto dada y, como quien dice, que sea lo que Dios quiera. Comentaré en cuanto pueda los demás relatos, pero hasta el miércoles no podré ponerme bien con ello porque tengo el último examen ese día. Deseadme suerte con fonética ^^
Ah, sí, aquí podéis leer el hermoso texto de mi compañera inspirado en ésta misma imagen, a ver qué os parece :)
http://kimsoldeinvierno.blogspot.com.es/2012/05/la-calle-gris.html



Era un día gris en una ciudad triste y neblinosa, demasiado húmeda para que sus habitantes pasasen el tiempo en las calles y demasiado apagada para que los niños jugasen en el único parque con árboles de la ciudad. Cerca de aquel parque triste y olvidado, había una serie de sinuosas callejuelas que serpenteaban entre edificios destartalados y, entre todas ellas, un callejón más oscuro que los demás dormitaba en silencio. En el callejón, una figura inmóvil sostenía un paraguas abierto en una burda imitación de “Cantando bajo la lluvia” mientras la silueta de un gato miraba expectante hacia arriba, capturado en el perfecto instante de esperanza que precede a la desilusión. Ambos llevaban mucho tiempo juntos, aunque sin dirigirse una sola mirada, cada uno enfrascado en sus propios pensamientos, centrado en su objetivo. El hombre contenía su felicidad a duras penas, mientras el gato vislumbraba el aleteo de un insecto tiempo atrás desaparecido y se deleitaba con la idea de saltar y atraparlo entre sus dientecillos afilados.

El gato y el hombre pasaban largos periodos de tiempo solos: vivían en un callejón poco recomendable; sucio e intransitado durante el día y oscuro y aterrador durante la noche, pero a ninguno de los dos le importaba. No tenían miedo casi nunca, salvo cuando pasaban muchachos con aerosoles de pintura. Entonces, el gato trataba de esconderse tras las piernas del hombre del paraguas, pero no podía, ya que ambos estaban congelados en aquel instante eterno. Era una vida apacible la mayor parte del tiempo, pero ambos comenzaban a aburrirse esperando un instante que nunca llegaba.

Llevaba tiempo sin llover y el hombre del paraguas se sentía ligeramente estúpido, incapaz de cerrar el artilugio y, en el fondo, esperando que la lluvia regresara porque significaría que, quizás, esta vez sí que saldría de sus labios el ansiado “I’m singing in the rain”. El gato, por su parte, estaba encantado con los escasos rayos solares que lograban filtrarse en el callejón y calentar su suave lomo, aunque eso fuera algo que raras veces sucedía.

Aquel día no hubo rayos de sol que caldeasen el alma del pobre gato, sino que el tiempo parecía más inclinado a conceder el deseo del hombre del paraguas y, poco a poco, el olor que precede a las tormentas de verano fue impregnando el aire. De haber sido capaz de oler algo, el hombre del paraguas se hubiese sentido ansioso y feliz por la inminente lluvia, pero como no tenía modo de hacerlo, permanecía igual de aburrido que siempre, con el brazo cansado por los interminables días en aquella postura forzada.

Rayaba la media noche cuando empezaron a caer las primeras gotas; el corazón de ambos sufrió un aleteo extraordinario y, de haber sido capaces, hubiesen cruzado una mirada que confirmase lo que cada uno había sentido. Como no era posible, permanecieron atentos, sin saber qué podría suceder en aquel callejón que jamás había sido transitado un día de lluvia.

Primero, fueron alertados por un canturreo que se aproximaba lentamente y, de pronto, la figura de un hombre se recortó bajo la lluvia. Un nuevo cosquilleo estremeció el corazón del hombre al ver que el recién llegado llevaba un paraguas, pero la decepción se cernió sobre él cuando éste pasó de largo. A su izquierda, el gato miraba intensamente al transeúnte, como incitándole a darse media vuelta y a hacer… algo, ni él mismo sabía qué. Un gato callejero entró trotando en el callejón con aire de ser el dueño de todo lo que le rodeaba y estudió al viandante con ojo crítico, emitiendo un maullido tentativo. El hombre se volvió de inmediato y retrocedió hacia el animal, que se frotó contra sus piernas melosamente, mendigando alimento y buscando cobijo bajo el paraguas.

Y, entonces, las nubes exuberantes que derramaban sus lágrimas sobre la ciudad se abrieron un poco, apenas lo suficiente como para que la Luna hiciese  su espectacular entrada en el escenario nocturno. Sus sutiles haces de luz se deslizaron perezosamente, como una caricia amorosa, sobre los edificios, hasta incidir directamente sobre los dos hombres del paraguas y los dos gatos. Sin motivo aparente, como embrujados por un hechizo lunar, los recién llegados se movieron hasta situarse delante de sus correspondientes dibujos en la pared y adoptaron la misma pose que ellos. Un rayo cruzó el cielo, seguido por otros en rápida sucesión y, por obra de algún extraño efecto óptico, las sombras de hombre y gato se proyectaron exactamente en el lugar que ocupaban los permanentes habitantes del callejón, ensamblándose con ellas, volviéndose una misma cosa.

Cuando los rayos de la tormenta cesaron, hombre y gato se sacudieron, abandonados por el extraño agarrotamiento del que habían sido presas durante unos segundos eternos; se miraron brevemente y, acto seguido, el hombre se agachó para coger en brazos al empapado animal. El felino se dejó querer, ronroneando con satisfacción mientras dirigía una mirada cargada de inteligencia al astro lunar, mirada que el hombre siguió hasta posar los ojos sobre la pálida esfera. Incapaz de discernir qué había ocurrido pero sintiéndose al fin completo, el hombre sostuvo con fuerza el paraguas y continuó su camino hacia el hogar con el cuerpecito peludo contra su pecho. Sus sombras se arrastraron a sus espaldas, oscuras y casi tangibles.

Tras ellos, en la pared sucia y maltratada por las inclemencias del tiempo y el desgaste de la mera existencia, había dos huecos vacíos, limpios y blancos como recién pintados. Uno tenía la forma de un hombre con un paraguas, el otro parecía un gato mirando la Luna. Durante un segundo, se escuchó nítidamente cómo el hombre tarareaba “I’m singing in the rain”. Luego, la figura desapareció por el otro extremo del callejón y todo quedó en silencio de nuevo.